Lorena, Paulina, Daniela y Fernanda, a sus 17
años, están unidas por un fuerte lazo de amistad que
las vuelve inseparables y que las ayuda a superar los momentos difíciles
que cada una de ellas deberá enfrentar durante su último
año de preparatoria.
Lorena (la juiciosa… hasta que se enamora): Es la amiga ideal.
Tras haber sufrido una desilusión amorosa, Lorena vuelve a encontrar
el amor en Juan Carlos, el último hombre en quien pensaría
confiar. Lo que ella ignora es que el amor puede tener muchos rostros… incluso
el del odio. Deberá elegir entre el verdadero amor y la amistad.
Paulina (la noviera… ¡que nunca ha conocido el amor!):
Es una experta en meter en líos a sus amigas, a quienes considera
como sus hermanas. Ellas le han dado el cariño y la atención
que le han negado en su propia casa. Aunque es la más avezada
en el arte del "ligue", sólo ha conocido la desilusión.
Su necesidad de amar la llevará a descubrir que este sentimiento
es único y perdurable sólo cuando es verdadero.
Fernanda (la antihombres… hasta que despierta al amor): Es
capaz de dar la vida por sus amigas si alguien osa ponerles un dedo
encima.
Es ruda y explosiva; nunca ha tenido novio ni le interesa tenerlo.
Jamás imaginó que llegaría a sentir "maripositas
en el estómago", como tampoco esperó que un
simple beso pudiera transformar su vida... hasta que unió sus
labios a los de Diego, su mejor amigo.
Daniela (la soñadora… a quien ningún chico
le hace caso): Vive en un mundo color de rosa. Es insegura y sentimental,
pero confía en que el amor todo lo vence. Su amor le dará el
valor para aprender a defenderse, incluso del amor mismo.
Juan Carlos Domínguez (el galán): Es un apasionado
de la química, con altos ideales que aportar al mundo farmacéutico;
pero su valor principal está en su familia, por la que trabaja
y a la que defiende incansablemente. Luchará a brazo partido
junto con su abuelo para formar un equipo de futbol femenil. Su amor
por Lorena lo llevará a jugar rudo en el Juego de la Vida.
Las situaciones intensas que viven estos jóvenes conseguirán
reforzar en ellos el entusiasmo y la determinación de defender
su derecho a vivir su propia vida. Sin embargo, pronto descubrirán
que, para ser campeones y lograr sus metas, no basta desearlo; tendrán
que aprender a luchar y entregar el corazón para obtener lo
que quieren... ¡Ese es el verdadero Juego de la Vida!