Poco antes de morir, el general Francisco Ortiz se casa con Virginia
y la nombra su única heredera. Cuando Virginia y su pequeño
hermano Diego llegan al pueblo de San Francisco de los Arenales
para enterrar al general, los acompaña el sobrino de éste,
el capitán Fernando Ortiz, quien desprecia a Virginia, creyéndola
una aventurera que se casó con su tío por su fortuna.
La única persona que recibe a Virginia amablemente en el
pueblo es el presidente municipal, el doctor José Guadalupe
Serrano, un hombre bueno y honesto cuya esposa, Blanca, sufre de
una enfermedad mortal.
Virginia se sorprende al ver que el rancho del general se encuentra
abandonado, sin saber que esto es obra de la madre de Fernando,
Aurelia, quien se ha aliado con el administrador, Cristóbal,
para robarle a Virginia la fortuna que ha heredado.
Aurelia detesta a Virginia y tratará por todos los medios
que se vaya del rancho, ya que sabe que si lo hace perderá su
herencia; pero si no se marcha, Aurelia está dispuesta a
recurrir a la violencia. Su odio es aún mayor cuando se
da cuenta de que Fernando se ha enamorado perdidamente de Virginia,
aunque ella lo vea sólo como un buen amigo.
Cuando Virginia conoce a Blanca, nace entre ellas una sincera
amistad. José Guadalupe ignora que Blanca está enterada
de su infidelidad con una mujer egoísta y ambiciosa llamada
Olga. Sabiendo que le queda poco tiempo de vida, Blanca teme por
la felicidad de su esposo y su hija Marisol, si él llegara
a casarse con Olga.
Sin proponérselo, nace un amor apasionado entre Virginia
y José Guadalupe. Ambos se niegan a aceptarlo y se tratan
con hostilidad, pues saben que entregarse a ese amor sería
traicionar la confianza de Blanca.
Tras un matrimonio que nunca se consumó, Virginia tendrá ahora
que luchar contra el odio y la ambición de Aurelia y Cristóbal,
mientras trata inútilmente de arrancar de su corazón
ese amor ardiente que la consume,... su amor prohibido por José Guadalupe.